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Walter Gutiérrez C.
Lunes, 17 de marzo de 2014 | Leída 2976 veces
OPINIÓN

Voto de desconfianza y conspiración constitucional

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¿Por qué el Presidente Humala pretende agudizar la crisis? ¿Por qué busca que se le niegue abiertamente el voto de confianza al gabinete Cornejo? ¿Hay detrás de esta crisis un intento de gobernar sin control?

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Foto: Agencia Andina.
 
Una interpretación de la Comisión de Constitución del Congreso referida a los votos de abstención –precisando que no se consideran para el cómputo– salvó al gabinete Cornejo. La noche del viernes, la lógica parlamentaria logró imponer una aritmética singular, por la cual los cuarenta y tres votos a favor del voto de confianza eran más que los setenta y tres votos de abstención.
 
Esta oportuna interpretación se basó en que estos votos de abstención no se contabilizaban, pues solo eran válidos los mencionados cuarenta y tres votos a favor y los seis de un grupo de nacionalistas que premeditadamente votaron en contra. El gabinete respira producto de este artificio legal, pero no por mucho tiempo: en realidad está herido de muerte.
 
Más allá de formalismos parlamentarios, sin embargo, el mensaje político fue claro y contundente. Este gabinete languidece, no genera confianza y persiste en la opinión pública la idea de que estamos ante un Premier de papel.
 
Al mismo tiempo, se consolida la idea que la Primera Dama asume algunas de las funciones más esenciales del segundo cargo en importancia de la administración Humala, haciendo las veces de vocera y, ­–según declaración de la congresista oficialista Téves– coordina entre el Ejecutivo y el Legislativo, una función del Presidente del Consejo de Ministros directamente recogida en la Ley Orgánica del Poder Ejecutivo. Como pocas veces, el Parlamento ha sintonizado con lo que pasa en la calle.
 
La soberbia del poder.
 
Desde luego que no es lo único: esto se combina con pésimas señales políticas, con marchas y contramarchas, con impericia y con una economía que comienza peligrosamente a detenerse. Todo acompañado con algo que la población jamás le perdona a un político: la soberbia.
 
La administración Humala pareciera haber olvidado que un político, tanto en las elecciones como en el ejercicio del poder, debe ser más humilde que un ladrillo de barro. Winston Churchill decía que el problema más grande para un político es explicar por qué no ha sucedido lo que prometió en la campaña. Hasta ahora, Humala ha fracasado en este desafío del que depende en gran parte su futuro político.
 
En la madrugada del sábado, el Presidente dio un mensaje en el que parecía no acusar recibo de las claras notificaciones de la ciudadanía, representado como pocas veces por el Parlamento.  En tono airoso, exigió que el Congreso debía definir si había dado o no el voto de confianza. De pronto los parlamentarios oficialistas, que luego de la artimaña parlamentaria afirmaron que el gabinete había obtenido la confianza, cambiaron el discurso y dijeron que era necesaria una reconsideración, agudizando al máximo la crisis.
 
Aferrándose a un cadáver político.
 
En política no existe la necrofilia,  nadie le tiende la mano a un cadáver. La preguntas entonces son evidentes: ¿Por qué  el Presidente quiere forzar las cosas?, ¿Por qué quiere insistir con el gabinete Cornejo?, ¿Por qué desafía al Congreso?
 
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