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El fino arte de convertir el dinero sucio en limpio

El fino arte de convertir el dinero sucio en limpio

La figura del expresidente Alejandro Toledo ha protagonizado el debate en el que la Comisión de Fiscalización ha aprobado el informe sobre el caso Ecoteva. La acusación sobre el delito de lavado de activos, que será trasladada como recomendación al Ministerio Público, se rige según estos preceptos.

Por Redacción Laley.pe

lunes 6 de enero 2014

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El delito de lavado de activos es una obra de ingeniería financiera. Todo un arte. El propósito de quien lo comete hace justicia a la denominación del mismo: convertir en limpio un dinero sucio. Dicho de otro modo, busca dar una apariencia lícita al dinero o a los bienes que se han obtenido de manera ilícita. 

La persona que incurre en el delito de lavado de activos lo que trata de evitar, en última instancia, es que se evidencie un desbalance en su patrimonio injustificable. Si esa persona, por ejemplo, solo tiene ingresos por valor de diez mil soles netos mensuales, es evidente que luego no podrá adquirir una vivienda por un valor de cinco millones de dólares. No, al menos, sin levantar sospechas. 
Los trucos del lavador 
Existen múltiples formas para evitar esas sospechas y, posteriormente, ser investigado. De forma general, el lavador buscará invertir el dinero en una serie de actividades comerciales complejas, con el fin de dificultar la determinación de su origen ilícito. Ese proceso se estructura en torno a tres grandes etapas: colocación, decantación y consolidación. 
La primera de ellas es quizás la más complicada. Consiste en la inyección del dinero dentro del sistema financiero regular. Podría decirse que se trata de que acepten en la lavandería esa prenda que pretendes lavar, por más sucia que esté. Para ello, el lavador realiza pequeñas transacciones económicas, en lugar de una única gran inversión, que podría llamar la atención de las autoridades o a las entidades bancarias. 
Una vez colocado, el lavador emplea una serie diversa de operaciones complejas, tanto en los mercados nacionales como en los internacionales, con la intención de complicar aún más la verificación contable del origen ilícito de ese dinero. Es lo que se conoce como decantación. El dinero —la ropa— pasa de una lavadora a otra, sin saber muy bien dónde está. En esta etapa, suelen aprovecharse los llamados ‘paraísos fiscales’, donde se permiten las cuentas cifradas y existen regulaciones contra el levantamiento del secreto bancario. 
La consolidación es la etapa final del lavado, también conocido como blanqueo. En este momento, los activos ingresan de forma legítima al sistema financiero. Ya no existen dudas en cuanto a su posible origen ilícito. El lavador ha cumplido su tarea, la ropa está limpia. 
Las tres etapas se encuentran recogidas en el artículo 1 de la “Ley de Lucha eficaz contra el lavado de activos y otros relacionados a la minería ilegal y crimen organizado” (Decreto Legislativo N° 1106), vigente desde abril de 2012, en el que se regulan los actos de conversión y transferencia. El mismo artículo determina la pena a la que debe enfrentarse quien comete el delito de lavado: “pena privativa de la libertad no menor de ocho ni mayor de quince años y con ciento veinte a trescientos cincuenta días multa”. 
Diferentes lavanderías 
Todo lavador deberá pasar por esas tres etapas para lavar su dinero o bienes, pero la forma específica sobre cómo realizar ese proceso puede variar; puede desde estructurarse el dinero en pequeñas sumas hasta crearse una fundación ficticia o una empresa de papel. También ir al casino de forma compulsiva, gastar y gastar hasta que “toque” el premio gordo. 
Si atendemos al preinforme de la Comisión de Fiscalización, el expresidente Alejandro Toledo habría elegido colocar su dinero —obtenido, presuntamente, de manera ilícita— mediante una compañía fachada. La empresa, llamada Ecoteva, habría actuado como un cuerpo legítimo desde el que se realizan actividades comerciales supuestamente lícitas y regulares. El fondo, por demostrar, es que simplemente se utilizaba para lavar dinero. 
Colocado el dinero, a través de la compañía fachada —Ecoteva—, el siguiente paso, la decantación, se realizó supuestamente a partir de la compra de bienes de alto valor. Casas y oficinas. Así, los implicados —Alejandro Toledo y Eliane Karp, pero también el multimillonario Yosef Maimam, Eva Fernenburg y Avi Dan On— lograban incorporar el dinero sucio a un mercado lícito. Conseguían darle apariencia de limpieza. 
Es decir, siempre según el preinforme, Ecoteva fue creada para colocar el dinero ilícito, mientras que la compra de inmuebles se encargó de la decantación. Esta última vino precedida, a su vez, de una serie de operaciones comerciales para poder simular actividades económicas regulares. 
Solo les faltó, a la vista de la investigación realizada y la que pueda realizar el Ministerio Público, la etapa de consolidación. El dinero, por tanto, nunca estuvo completamente limpio. 
Yo pruebo, tú pruebas 
Un último aspecto que cabe mencionar es cómo funciona la carga de la prueba. En conversación con la ley.pe, el experto Carlos Caro Coria explica que “el Ministerio Público básicamente tiene que probar la existencia de desbalance patrimonial y probar la existencia de un delito previo”. 
Una vez se hayan demostrado, el imputado debe ser el encargado de probar el origen de los bienes. Esto es, debe acreditar que las operaciones que ha realizado son lícitas. En este tipo de delitos, la presunción de inocencia no funciona como en el resto. Uno solo es inocente hasta que él mismo demuestra que es inocente. 
Según Caro Coria, “si Toledo dice que todo el dinero proviene de préstamos realizados por un amigo suyo, el Sr. Maiman tiene que probar cuál es el origen lícito de ese dinero relacionado al préstamo. Según el pre informe de la Comisión de Fiscalización, eso no está acreditado”. 
La complejidad del delito de lavado de activos, en cualquier caso, reside en su propia complejidad: “No es como si yo le metiera la mano en el bolsillo a alguien y le robo la billetera. Eso es muy fácil de entender y de probar. Lo esencial es que quienes vayan a juzgar el caso de Toledo tengan un conocimiento claro sobre finanzas, contabilidad y derecho penal. De lo contrario, el caso terminará como un caso mal construido y se archivará en la Fiscalía. El caso demanda un conocimiento multidisciplinario”.

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